Una noche sevillana.
CINE, CINE, CINE.
ENTRE SUEÑOS
En tus ojos descubrí
la serena sensación de tu profunda mirada.
De tus ojos rescaté
la irrepetible ocasión de querer y no saber.
Por tus ojos restauré
la esperada compañía y el deseo de unos brazos.
Inquieto, pero seguro de tenerte y recibir,
fueron tus manos primero las que vinieron a mí.
Tus labios fueron llegando para unidos respirar
oxígeno del mismo aire, fuerza del mismo caudal.
El contacto cristalino que en tu vientre conocí
anuncia, desde tu cuerpo, el esperado final
de mis solitarios días y mi frío amanecer.
Sueño que quiero en un sueño
el sonreír de tu pelo.
Sonrío por tu presencia
que quiero mil veces, quiero.
Siento que vibro por dentro
cuando el deseo se hace fuego.
Sueño que vivo ese sueño
donde tu amor agradezco.
Sueño que quiero ese sueño
donde la luz del sosiego
te amarra cerca de aquí.
Sueño que deseo mis sueños
para verte sonreir
cuando estás cerca de mí.
Siento que tengo ese día
en que la luz se despierta
con los colores de abril,
cuando nacen los olores
y se entreabre el jazmín.
Sueño que quiero sentir
las ramas entrelazadas
que bordadas en tapiz,
unirán tu cuerpo al mío
bajo las gotas de abril.
Sueño que vivo en un sueño
al tenerte junto a mí.
LABERINTOS DE PAISAJES Y SENSACIONES
Inmovilidad casi plena
con el suave rizo de la andaluza.
Sólo mi movimiento,
que ya acabó,
empuja a un infante gorrión desplumado,
que con torpe tino y finas suelas,
se frena hasta quedar quieto.
Perfilada quietud
en verticales filas de troncos
sin hojas.
Balcones apagados
en los que falta
la correndilla del pequeño,
con sus inocentes risas
y sus apagadas cabezas.
Como en los ritos repetidos,
las horas asoman
sus cortas puntas afiladas
y redimen pocos racimos
de entre la madera.
Fría claridad de un día mortal,
pues al nacer
conocía su final
entre la oscuridad de la noche
que absorbe
el fuerte sol de la tierra.
Con el entusiasmo del superviviente,
descanso al momento íntimo
de escapar a mi refugio.
Fragilidad escondida
en una fuerte y exuberante fortaleza,
sólo mermada
en los últimos claros del tiempo.
Perseguido por alguien cercano
y conocido,
sensible a las opiniones
y al gesto
que no adivino,
funesto en mi alma,
casi indispuesto.
Frente a mí
estirpes voladoras
en busca de sustento.
Pequeños puntos negros
que parecen desplegar
sus negras alas del cuerpo
para después esconderlo.
Frente a mí
balcones, que siguen siendo
desconocidos,
en los que busco gente,
en los que añoro simiente.
en rítmica armonía
de colores y cantos,
y sobre todo calor.
El cielo despeja mi rostro
para divisar la senda
dibujada bajo el sudor del sol.
Frente a mí
lo nuevo y lo antiguo,
muy unidos, conectados
por un alma que también respira;
que cuidamos sin saberlo,
que queremos sin pensarlo.
Y en casa, al final del camino,
me invaden las sensaciones
de este medio recorrido:
de la humedad de las gotas
sobre mi pecho desnudo:
por el viento fuerte y duro:
del sonido de retumbos
desde el cielo negro y tuno:
del compensar de la lluvia,
mística y blanda cortina:
de un hallazgo repetido
y del familiar murmullo:
de la serena impaciencia
del cielo por ver su fruto:
de la música arrendada
para reunir un mundo:
de mis esperas medrosas
y de mi amor infantil:
de los charcos preparados
para escurrir el pernil:
de mi madre sobre el lecho
y mi padre por decir:
de la caprichosa lluvia
y de mi especial sentir:
del cierto amor de mi vida
y del hijo por vivir.
Amaneceres

tengo encima de mi piel
el sello de tus caricias.
Hago espuma de papel
con burbujas de tu risa.
Hoy conseguí acercarme
a la esquina de tu pecho
para alcanzar lo prohibido
fundidos en este lecho:
el roce en la piel, piel siente;
latidos del corazón
que entre tus labios
se encienden.
Nos acompañan al fondo
las notas que más nos gustan:
"Siento a través de mi piel
las pinceladas del aire,
que dibujan un boceto
en el calor de su arte.
Siento en mi piel excitada
la línea de ese dibujo
que colorean tus manos
y que mi alma ha aceptado.
Siento en mi piel el contacto
de tus dedos inspirados,
que derraman gota a gota
el color del alma al aire."
Cuanto más lejos viajan los acordes,
más oscuro es el abrazo
que quiere sujetar
lo que ya es fuerte:
el roce en la piel, más quiere;
llamada del corazón
que la sangre no detiene.
Claro lazo entre los dos
que amarrado, crecer quiere.
Tapo y abro a la vez
el espacio de tu calma.
De nuevo me dejo hacer
excitantes alianzas;
te dejo ser mensajera
de suspiros de marea,
del balanceo de una rama;
me dejo... y te dejo ser
la dueña de mi mirada,
la guía de mi pasión
en el renacer del alba.
Camino de regreso


Frente al espejo acariciado por olas cristalinas,
las huellas de mil pisadas
dejaban paso a otras huellas que el agua pisoteaba.
Fresca brisa del aire que al pasar balancea su pelo sobre el mar.
Fresca arena en la playa que al caer humedece mi cuerpo sin querer.
Tintineo de palabras, que al oscurecer,
adivino entre sonrisas que son de los tres.
A la vuelta, detalles.
Sobre los hilos del agua brillan luces de la tierra.
Reflejos que son instantes, las puntas afiladas de cada segundo
que pasan ante mis ojos como rayos de luz cautivos.
Sobre rizos de la tierra caminan brillos de agua,
y en sus destellos revelo las claves de mis palabras.
Detalle número uno.
A través de estos dulces cristales descubro el seco sabor de un cauce.
Pasan y pasan las casas; se alejan.
La edad roída en la piedra, levanta un triste amargor de arena.
Fondo de casas dormidas en pleno sol.
Quienes tras los cristales miran, reflejos y sombras son.
Tras fondos de casas dormidas,
viven cautivos afanes incontenidos de calcinado sabor,
sienten intensos deseos dormidos de esperar una razón.
Miro de nuevo estos dulces cristales que me enseñan,
transparentes, el sabor seco, apagado,
de mermados y lejanos caudales.
Detalle número dos.
Los rectos surcos marcados bajo alineados árboles,
asoman entre las hojas, que caídas,
ocultan unas a otras su obligada desnudez.
Angustias azucaradas; amanecer del otoño
entre campos luminosos; imprevisto mar de vientos.
Eternos surcos, marcados bajo espigados troncos
que mueren, alineados, una vez más.
Viejos surcos renovados, que asoman entre las hojas caídas,
que ocultan dulces gotas rescatadas
de este brusco atardecer ruidoso.
Junto a las hojas, las piedras y el cariñoso fluir del agua.
Gris silencio de amilanados bustos, que me escoltan
por el húmedo sendero marcado hacia una línea que no acabo.
Brillantina

Una suave brillantina
de tez dorada
y frescor
anochece ante la luna
surcando mi fuerte ardor.
La móvil ondulación
de las aguas,
sin color,
se lanza sobre su brillo
y mueve el filo a un farol.
Dinámica sensación de rosados
bajo el negro,
que apuntan su fino arpón
al dolor de mis recuerdos.
Dinámica sensación
entre simples elementos:
el agua, la luz, el viento...
y este cercano regalo
del sol
cuando cede entre sus brincos
lo mejor de su cabello
para a la luna dar vuelo.
Diez rincones lejanos
"Las ramas del tronco".
"Mitología"

El sol aparecía entre los visillos de polvo
que anunciaban la dejadez.
La madera formaba paredes inconsistentes,
libres como su espera.
Seguía reclamando el momento marcado para recibir,
entre una familiar incertidumbre,
la gracia sobrenatural sobre la luz de su rostro.
Afuera, la sábana, toda blanca, lucía su esplendor natural.
Tal vacío la invadía que llegaba a molestar
su brillo inhumano.
Entre reflejos irregulares y tranquila oscuridad
transcurrió la noche.
Todo quedaba oculto salvo su brillante expresión,
significante de la esperada contemplación
de su diosa, símbolo de su valor y entrega.
Cuando los rayos timidos del nuevo sol
volvieron a acariciar la hierba que descansaba a sus pies,
su impaciencia comenzó a hacerse visible.
Pasaron sobre la tapizada blancura
la sombra del árbol, de la casa, del pájaro
que vigilaba a todos los habitantes del valle.
Comenzaban a empujarle las dudas
en el instante en que el cambio sobrevino.
Por un momento su sensiblidad se redujo
a estímulos interiores, limitada por un halo pegado
a su costra humana.
No le era permitido ni vivir el espacio
ni diferenciar el ritmo del tiempo.
En un imprevisto y sonoro suspiro
de aquel largo y agonizante latido,
un rayo se proyectó sobre él
para infundirle el conocimiento infinito
de un nuevo estado encontrado más allá.
Repleto de sentimientos y vivencias
se enfrentaba a él mismo por lo que había sido,
efectuaba juicios dolorosos sobre su pasada vida.
Desde su cuerpo y su mente sobrehumanos,
condenaba y perdonaba lo hecho
gracias a su nueva sabiduría,
que ponía en evidencia el desconocimiento
en el que vive el ser humano.
Allá, en el fondo de ese largo túnel de clarividencia,
escuchaba la llamada que tanto esperó.
Se acercó con decisión para contemplar
la belleza que había más allá de sus formas de mujer,
para percibir la verdad que tanto había deseado
cuando aún era un hombre.

